A pesar de que se encuentran en las costas de 123 naciones y territorios, los manglares se consideran un ecosistema poco común. Representan menos del 1% de todos los bosques tropicales y del 0,4% del total de la superficie forestal mundial, según la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).

Créditos: Andrew Tappert
Manglar en Cabo Sable. Créditos: Andrew Tappert

De acuerdo con las cifras de esta organización, Latinoamérica y el Caribe albergan alrededor del 26% de los manglares del mundo. Brasil y México están dentro de los países con mayor extensión de estos ecosistemas. De hecho, Brasil es el segundo país con más manglares, después de Indonesia; y México el cuarto, justo después de Australia. Sin embargo, también existen manglares en países como Venezuela, Colombia, Suriname, Nicaragua, Ecuador e incluso, más hacia el sur, Perú.

En el caso de Brasil, estos bosques acuáticos aparecen intermitentemente a lo largo del litoral brasileño, desde Cabo Orange en Amapá hasta la ciudad de Laguna. La mayor concentración de ellos se encuentran en el territorio de Amapá, Pará y Maranhão, debido a encontrarse en la desembocadura del río Amazonas. En total, en el territorio brasileño hay 25 mil kilómetros cuadrados de manglares, de acuerdo con el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).

En México, el Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (INECC), indica que su superficie en el territorio es de 9.050 kilómetros cuadrados hasta el 2020. En el estado de Quintana Roo se encuentra la mayor superficie de manglar del país, con 2.470 kilómetros cuadrados.

¿Por qué en estos territorios? Para su mejor desarrollo, éstos bosques se ubican en sectores en los que la temperatura del mes más frío no excede los 20 grados, y que la diferencia de temperatura promedio entre el mes más frío y el mes más cálido no sea mayor a 5°. Además, los manglares más desarrollados se ubican en suelos en los que abundan lodos finos y son ricos en materia orgánica, como cuando los sedimentos son derivados de rocas volcánicas. Esto explica por qué la gran mayoría se encuentran en las desembocaduras del Amazonas.

Créditos: CONABIO - SEMAR
Fotografía panorámica de manglar en Yucatán. Créditos: CONABIO – SEMAR

¿Qué son los manglares?

Los manglares son ecosistemas de sectores tropicales o subtropicales, que funcionan como transición del medio marino al terrestre. Reciben su nombre del “mangle”, como se conocen a las especies de árboles que más predominan en ellos. Sus raíces aéreas se extienden desde los suelos pantanosos hasta la copa de los árboles. De hecho, sus raíces que cuelgan de los árboles, además de darles un extraño aspecto a estos particulares bosques, también penetran el suelo y se encuentran en contacto directo con el agua salobre —que tiene más sal que el agua dulce, pero menos que, por ejemplo, el mar—.

Estas especies son capaces de absorber grandes cantidades de carbono con sus hojas, ramas y raíces. De hecho, una hectárea de manglares puede almacenar 3.754 toneladas de carbono, que es considerado como «carbono azul». Este se refiere al carbono que es capturado y almacenado en los ecosistemas marinos y costeros, como los manglares, marismas salinas, pantanos y turberas, por ejemplo. Éstos recogen el CO2 del agua, que proviene de la atmósfera, y lo almacenan en los sedimentos marinos que, debido a su bajo nivel de oxígeno, pueden almacenar carbono durante siglos.

Se estima que existen 70 especies de mangles, pero los más comunes son el mangle blanco (Laguncularia racemosa), el mangle jeli o gris (Conocarpus erectus), el mangle negro (Avicennia germinans) y el mangle rojo (Rhizophora mangle).

Conocarpus erectus. Créditos: William R. S. Maciel
Mangle gris (Conocarpus erectus). Créditos: William R. S. Maciel

Habitan en zonas intermareales y están adaptados para sobrevivir en condiciones extremas, como ambientes salinos y en zonas donde la marea es variable. Así, cuando sube la marea, éstos quedan totalmente cubiertos por el mar.

Para sobrevivir en estas condiciones, estos ecosistemas poseen adaptaciones increíbles que les permiten transformar el exceso de sal en el agua, por lo que pueden vivir en sectores costeros e intermedios entre el mar y los ríos. Por su ubicación se encargan también de proteger las costas – y a las personas y animales en que ellas habitan – de las altas marejadas y las tormentas. Incluso, según observaciones publicadas en la revista Science, los efectos que tuvo el tsunami del 2004 en el Océano Índico fueron mitigados en los sectores en los que abundaban manglares y bosques de playa. En los lugares en los que no habían manglares, en cambio, los efectos fueron devastadores.

Macacos cangrejeros en manglares de Tailandia. Créditos: Peter Prokosch
Macacos cangrejeros (Macaca fascicularis) en manglares de Tailandia. Créditos: Peter Prokosch

Además, estos ecosistemas de raíces aéreas sustentan una gran biodiversidad de plantas, animales, peces y aves. Según estimaciones de las Naciones Unidas, son el hogar de cerca de 340 especies en peligro de extinción alrededor del mundo. Son el hogar perfecto para camarones, ostras, cangrejos, lagartos, cocodrilos, tortugas, monos, titíes, buitres, lobos marinos, gaviotas, garzas, gavilanes, entre muchos más.

Entre las especies que viven en los manglares de Latinoamérica se encuentran el cangrejo de Mangle (Aratus pisonii), un crustáceo que habita desde Florida hasta la costa sur de Brasil y que se alimenta principalmente de hojas de Mangle rojo; y el pinzón manglero (Camarhynchus heliobates), un ave ecuatoriana en peligro crítico de extinción que sólo habita en las Islas Galápagos y que, aseguran, es una de las aves más raras del mundo.

¿Por qué se celebra el día de los manglares?

En 2015, la UNESCO declaró el 26 de julio como el Día Mundial para la Conservación del ecosistema de Manglares, el cual «tiene como objetivo concienciar sobre la importancia de los ecosistemas de manglares como ‘ecosistema único, especial y vulnerable’ y promover soluciones para su gestión, conservación y usos sostenibles».

La organización estima que los manglares están desapareciendo entre tres y cinco veces más rápido que la pérdida global de bosques. En el estudio “The world’s mangroves 2000-2020” de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés), el más reciente acerca de la distribución y pérdida de manglares en el mundo, se estima que en Sudamérica hay 2,14 millones de hectáreas, lo que representaba el 14,5% del área mundial de manglar. 

Manglar muerto en Indonesia. Créditos: Harry Fajry
Manglar muerto en Indonesia. Créditos: Harry Fajry

El mismo estudio arroja, lamentablemente, que “la pérdida de área de manglar aumentó casi un 50% entre los dos períodos de medición”. El factor principal para esta disminución fue la retracción natural, seguido por los efectos de la acuicultura. 

Mauricio Perea Ardila, investigador colombiano del Centro de Investigaciones Oceanográficas e Hidrográficas del Pacífico (CIOHP), indica que «los factores que desarrollan la pérdida de manglares son muy variados y dependen de la región. Por ejemplo, está documentado que a nivel mundial la conversión de tierras para acuicultura, particularmente para la cría de camarones, ha sido uno de los factores más significativos. Se podría hablar también del desarrollo costero (infraestructuras, contaminación, vías). A su vez, influyen la extracción de recursos maderables y no maderables, el cambio de uso del suelo para cultivos agrícolas o plantaciones, y ahora un factor que ha tomado mucha fuerza: el cambio climático».

Sin embargo, la disminución de los manglares no ha sido constante en el tiempo, sino que hay variables históricas que influyen en estas estadísticas. Perea explica que “las tasas de pérdida han mostrado variaciones significativas en diferentes períodos”. Por ejemplo, entre los años ‘80 y ‘90 la disminución fue “exponencial”, dice, y esto lo asocian con la expansión de la acuicultura y el desarrollo costero. 

En la primera década del siglo XIX, los científicos estiman que la tasa de pérdida disminuyó. Pero lo atribuye a, en parte, una mayor conciencia sobre la importancia de estos ecosistemas y la implementación de políticas públicas con el fin de proteger y conservar los manglares en algunos países costeros.

Manglar muerto. Créditos: Osmany Menderos.
Manglar muerto. Créditos: Osmany Menderos.

Esfuerzos de conservación

¿Pueden surgir nuevos manglares? Sí, responde el investigador. «A través de procesos naturales de regeneración y esfuerzos de conservación activa o pasiva. Sin embargo, su establecimiento y crecimiento depende de varios factores ambientales y biológicos», continúa.

A nivel mundial, existe la Global Mangrove Alliance (GMA), un grupo de organizaciones internacionales que trabaja para incrementar la cobertura global de manglares en un 20% para el 2030. En ella participan reconocidas organizaciones como World Wild Life (WWL) o The Nature Conservancy (TNC). Como indican en el sitio web de WWL, buscan «alcanzar otros objetivos importantes, como aumentar la resiliencia de las comunidades costeras a los impactos del cambio climático, mitigar el cambio climático a través de la protección y restauración de manglares, sostener la biodiversidad y mejorar la seguridad alimentaria y el bienestar de quienes viven en comunidades costeras».

También existe la Blue Carbon Iniciative, un programa internacional de conservación y restauración de ecosistemas costeros, incluyendo manglares. Asimismo, la conocida Convención Ramsar protege humedales de importancia internacional, considerando manglares y su uso sostenible y de conservación.

De hecho, crearon este mapa interactivo en el que se pueden ver las áreas cubiertas por manglares alrededor del mundo y cuánta extensión han perdido. La iniciativa se llama Global Mangrove Watch, que en español sería «Monitoreo Global de Manglares».

Créditos: Pat Josse
Manglar en atardecer. Créditos: Pat Josse

A nivel de Latinoamérica, en México se destaca el proyecto gubernamental, «Resiliencia«. A través de la limpieza de canales, la rehabilitación del flujo hídrico y la reforestación, pudieron restaurar 50 hectáreas de manglar. En este proyecto, las mujeres tuvieron una participación muy importante al ser parte de las reuniones y encargarse de la recolección de semillas.

Al igual que en «Resiliencia», un grupo de mujeres organizadas, llamadas «Las Chelemeras», estuvieron en la primera línea de la restauración de manglares en Chelem -de ahí el nombre-, Yucatán. Amas de casa, madres, esposas y cuidadoras revivieron 100 hectáreas de manglares deterioradas. La técnica utilizada por estas mujeres era reconectar los flujos hídricos para que el manglar vuelva a crecer por sí solo.

En Colombia existe Vida Manglar, un proyecto que tiene por objetivo la reducción de los efectos del cambio climático y conserva los ecosistemas de manglar del Caribe colombiano, con la participación de comunidades locales y organizaciones no gubernamentales.

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