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OPINIÓN| Inicio del SBAP: momento histórico para nuestras áreas protegidas
El primero de febrero empezaron las operaciones del Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas (SBAP), entregando una nueva institucionalidad ambiental para Chile. El organismo tiene dentro de sus objetivos fortalecer la conservación del patrimonio natural, su restauración ecológica y la gestión del nuevo Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SNAP) en el extenso territorio. Ingrid Espinoza, directora de conservación de Rewilding Chile, se refiere a este avance medioambiental del país en esta columna de opinión.
El 1 de febrero se inició la operación del Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas (SBAP), lo que representa un hito histórico en el fortalecimiento de la institucionalidad ambiental chilena. Tras más de una década de discusión legislativa, este Servicio creado por la Ley Nº 21.600 ofrece una oportunidad única para la conservación de la biodiversidad nacional y el resguardo del patrimonio natural y cultural del país.

Este inicio fue celebrado con la homologación del Santuario de la Naturaleza Quebrada de la Plata como Monumento Natural, dando vida al nuevo Sistema Nacional y sus nuevas categorías de protección, las cuales quedan en manos del Ministerio de Medio ambiente, y no de Bienes Nacionales como ha sido históricamente.
La importancia de este hito es que representa una oportunidad para solucionar los problemas que han enfrentado nuestras áreas protegidas cuya gestión estuvo dispersa en múltiples instituciones, lo que implicó la existencia de duplicidad de funciones, una fiscalización insuficiente y una visión fragmentada que ha repercutido en la protección efectiva de los ecosistemas. Por otra parte, la disfuncionalidad de una institución de carácter público privada jugó en contra de la gestión y protección de la biodiversidad.

El SBAP nace para robustecer nuestro patrimonio natural, fortaleciendo la conservación, la restauración ecológica y la gestión del nuevo Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SNAP) en el extenso territorio. Es justamente este enfoque el que necesitamos para enfrentar las profundas crisis ambientales que vivimos, a nivel local y global.
Para cumplir con estos objetivos, será clave fortalecer las capacidades profesionales y operativas del nuevo servicio en el territorio, asegurar la coordinación efectiva entre las instituciones del Estado y, sobre todo, incrementar el presupuesto público destinado a la conservación y manejo del SBAP.

En Chile, el financiamiento público destinado a la protección de la biodiversidad representa apenas el 0,09 % del Producto Interno Bruto (PIB), una cifra significativamente inferior a los estándares internacionales. Diversos organismos y acuerdos globales —como el Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB) y el Marco Global de Biodiversidad Kunming–Montreal— recomiendan destinar al menos un 1 % del PIB a la conservación, como umbral mínimo para garantizar la gestión efectiva de los sistemas de áreas protegidas.
Incrementar la inversión para la implementación efectiva del SNAP y la consolidación de una institucionalidad adecuada no solo es clave para proteger la biodiversidad, sino también para asegurar que las áreas protegidas mantengan su rol como pilares de la resiliencia ecológica y el bienestar de todas las comunidades de vida.

Ingrid Espinoza, directora de Conservación de Rewilding Chile