Ladera Sur Parque de la Reserva: el circuito mágico del agua en Lima, Perú
Parque de la Reserva: el circuito mágico del agua en Lima, Perú

Arquitectura del Paisaje

Parque de la Reserva: el circuito mágico del agua en Lima, Perú

Los parques comúnmente incluyen en su diseño diferentes especies vegetales que buscan acercar a las personas a la naturaleza y ofrecer un espacio de distensión; sin embargo, hay algunos que son más atrevidos y apelan a otro tipo de interacción entre sus visitantes. Nuestra colaboradora Sofía Ortúzar nos invita a conocer el Parque de la Reserva, ubicado en la capital de Perú, donde la luz y el agua son los protagonistas.

Organizamos un viaje culinario a Lima. Queríamos disfrutar de la gastronomía peruana y por eso nos asesoramos principalmente en este ámbito. Pero alguien nos mencionó el “circuito mágico del agua” y a mí me quedó dando vueltas, así que decidimos ir a conocerlo.

Quedamos gratamente sorprendidos con este parque ubicado a un costado del Estadio Nacional de Lima (“El Coloso de José Díaz”) en el barrio de Santa Beatriz. De una extensión de 8 hectáreas y estilo neoclásico, fue diseñado por el arquitecto francés Claude Sahut, quien también diseñó el Palacio de Gobierno del Perú.

©Sofía Ortúzar
©Sofía Ortúzar
©Sofía Ortúzar
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Uno de los chorros de agua del Parque de la Reserva alcanza los 80 metros de altura.

©Sofía Ortúzar
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El circuito tiene un recorrido de 13 fuentes ornamentales e interactivas que juegan con el agua, la luz y la música.

©Sofía Ortúzar
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En 2009 este parque se hizo merecedor del premio Récord Guinness, un reconocimiento por ser el complejo de fuentes más grande del mundo en un parque público.

©Sofía Ortúzar
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Una de las impresiones más gratas de este paseo fue la cantidad de niños y adultos que estaban disfrutando del lugar, ya que no solo se trataba de ver las fuentes cambiando de color, sino que también, en algunas de ellas, se podía jugar con los chorros de agua.

©Sofía Ortúzar
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Para mí, la magia de este parque tiene que ver con la capacidad de volver a sentir la misma alegría que uno experimentó cuando pequeño al descubrir que se puede jugar con el agua.