Ladera Sur Situación energética en Chile: en qué estamos y qué posibilidades hay
Situación energética en Chile: en qué estamos y qué posibilidades hay

Medio Ambiente

Situación energética en Chile: en qué estamos y qué posibilidades hay

Nuestro colaborador Vicente Weippert nos entrega las claves para comprender la situación energética actual en Chile; una opinión que podría ayudar a entender más acerca de este tema que en el último tiempo ha sido objeto de diversas críticas y controversias de la mano de proyectos como Hidroaysén.

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Río Baker, uno de los afluentes donde Hidroaysén planea construir hidroeléctricas. ©Iñi Piñi

Cuando a mediados del 2011 estalló la polémica por Hidroaysén en la opinión pública, una de sus consecuencias más relevantes fue que la gente comenzó a preocuparse, quizás por primera vez, por la manera en que obtenemos la energía en este país. Y es que el tema no es para menos: Las políticas energéticas impactan en el desarrollo económico, social y medioambiental de las naciones.

Una de las muchas aristas de este tema es el cómo se genera la electricidad que usamos a diario, y por lo mismo, interesa hacer un pequeño análisis acerca de la situación en la que estamos actualmente, qué posibilidades tenemos, y cómo podría eventualmente verse un panorama futuro respecto a las fuentes energéticas, tanto convencionales como renovables, que tenemos en el país.

Antes de entrar de lleno en el tema, quiero dejar muy en claro que lo que se va a tratar en estos párrafos es una pincelada general de un tema que da para una infinidad de estudios, artículos y debates, pero que en este caso particular tiene como objetivo contextualizar de la manera más objetiva posible a quien no se encuentre tan al tanto en el tema.

¿En qué estamos?

Parque eólico Canela, en el sector de La Angostura. ©Vicente Weippert
Parque eólico Canela, en el sector de La Angostura. ©Vicente Weippert

Actualmente la composición de la matriz en Chile, a muy grandes rasgos, es la siguiente: 65% desde fuentes térmicas (Gas, petróleo, carbón), 30% hidráulico (de embalse y de pasada) y 5% en otras fuentes (eólico y solar principalmente). ¿Es esto un problema? Sí, definitivamente, y por varias razones.

Desde el punto de vista económico, Chile no es productor de combustibles fósiles (A excepción de Magallanes que produce para su sustento), lo que implica que el combustible se debe importar y que dependemos de otros países y sus vaivenes.

Desde el punto de vista ambiental, aun cuando las tecnologías de retención de contaminantes han evolucionado muchísimo, la combustión sigue siendo un emisor de CO2 al ambiente y son varios ya los casos de centrales que han infringido normas de emisión. Entre los problemas que se cuentan están las zonas contaminadas (Ventanas y Quintero por ejemplo), el calentamiento de cursos de agua, los derrames de crudo en accidentes marítimos, etc.

Por otra parte, y aunque no lo parezca, la generación tradicional de energía a través de centrales térmicas sí tiene algunos puntos a favor, los que tienen que ver principalmente con la disponibilidad en todo momento del recurso energético (a diferencia de las renovables), y el bajo costo de instalación de las centrales.

Entonces, ¿qué opciones hay?

Inca de oro, en la región de Atacama. ©Vicente Weippert
Inca de oro, en la región de Atacama. ©Vicente Weippert

Si el panorama actual no es favorable, y al mismo tiempo como país contamos con un potencial energético renovable enorme, busquemos qué opciones hay, tanto renovables como convencionales. Para esto, primero conviene saber qué es lo que se espera que cumpla la matriz energética a futuro:

  • Construir una matriz de menor impacto medioambiental y menores costos (monetarios y sociales).
  • Diversificar la matriz (Es preferible distribuir la generación en muchas centrales que acumularla en unas pocas).

Con esto claro, las opciones principales son:

  1. Solar (ERNC). Existe tanto la fotovoltaica como la de concentración. En ambos casos, somos un país privilegiado, principalmente en la zona norte y centro del país. No genera contaminación directa y el recurso energético es gratis (sí, el sol). ¿Desventajas? Su inversión aún sigue siendo alta, el impacto visual es grande y la disponibilidad del recurso es intermitente (en la noche no se genera).
  2. Eólica (ERNC). Algunas zonas del país son privilegiadas en el recurso eólico (Canela y Magallanes por ejemplo) y se ha ido masificando los últimos años, con parques de cada vez más potencia. No genera contaminación y el recurso, al igual que en el caso solar, es gratis. ¿Desventajas? Su costo de inversión aún es alto, se ha señalado que eventualmente podría tener consecuencias para algunas especies de aves, y la disponibilidad del recurso (viento) es impredecible algunas veces.
  3. Mareomotriz (ERNC). Mucho menos desarrollada que las dos anteriores. El recurso a utilizar es gratuito, y no genera contaminación. ¿Desventajas? El costo de inversión en la obra civil para las tecnologías tradicionales es alto. Puede afectar de cierta forma a la diversidad del fondo marino.
  4. Nuclear (Convencional). Sigue siendo un tema casi tabú en el país. El recurso energético es relativamente de bajo costo y genera cantidades considerables de potencia. ¿Desventajas? Atenta contra el principio de diversificar la matriz, los residuos son un tema aún sin solución y los casos de Fukushima y Chernobyl ponen de manifiesto la magnitud de un desastre de esta índole.
  5. Hidroeléctrica de represa (Convencional). Dotan de energía de bajo costo a la red y son tremendamente eficientes. ¿Desventajas? Lo costoso de la obra civil necesaria (represa) y la modificación del medioambiente a gran escala con todo lo que esto conlleva.
  6. Hidroeléctrica de pasada (ERNC). Producen energía de bajo costo, su eficiencia es altísima y el impacto ambiental es mucho menor que en el caso de las de represa. ¿Desventajas? Dependen de qué tan lluvioso sea un año y afectan el caudal natural de cursos de agua.

¿Qué se viene?

©Vicente Weippert
©Vicente Weippert

Considerando lo anteriormente expuesto, y mirando los ejemplos de países europeos como Alemania o Noruega, líderes en el desarrollo energético, es ya un hecho que los combustibles fósiles van en retirada, aun cuando en la práctica es casi imposible que desaparezcan por completo, porque cuando el año sea seco, el día esté nublado o no haya viento, entonces habrá que recurrir a ellos.

Por otra parte, dada la abundancia de las fuentes de energía renovable en el país, debieran ir tomando cada vez mayor fuerza los proyectos eólicos y solares, y en la medida que esto pase, entonces se van haciendo cada vez más baratas y probadas las tecnologías.

Aun cuando en el subconsciente colectivo todavía esté el recuerdo de Hidroaysén, la hidroelectricidad (de pasada más que de embalse) sigue siendo una de las mejores opciones por su costo, bajo impacto ambiental y eficiencia. Ojo, hay que ser criterioso, no se trata de llenar los ríos del sur de megacentrales como las que se querían instalar en el Baker, pero sí de considerar la generación hídrica como una opción que bien estudiada y ejecutada correctamente, trae consigo muchos más beneficios que problemas.

El tema da para largo, y también es sumamente necesario entender que el panorama no se mejora únicamente instalando centrales solares en todo el desierto ni llenando de generadores eólicos. El cómo usemos la energía, cómo la transmitamos, el uso de redes inteligentes y la generación residencial, tienen una importancia tremenda en el objetivo final de hacer de Chile un país ejemplo a nivel energético, pero cada uno de estos temas da para una discusión completa y hoy ni siquiera alcancé a nombrarlos. Para la próxima será.

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